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Marbella: en esencia

Decir Marbella es evocar una cascada de imágenes recurrentes en el imaginario colectivo: lujo, fama, fiestas, verano, derroche, riqueza, exhibición. Oropeles y fastos. Y… así es, en efecto. Es una parte de ello. Quizás es la parte más buscada y caprichosa, la más fascinante y llamativa de un resort reconocido mundialmente desde los años 50 por las élites europeas. Era otra época, claro está. Pero eran veraneantes que acudían en pos del mejor de los climas, la belleza del paisaje, la personalidad de Andalucía, la riqueza cultural y gastronómica de España y la hospitalidad mediterránea.

 

Aún sigue siendo así medio siglo después. Los visitantes siguen adorando Marbella por un microclima que mantiene la ciudad a una temperatura media anual de 18,7º C, por un todavía agreste contraste de montaña y mar, por el ribete más genuinamente sureño, por los restaurantes y las tiendas, los monumentos y la calidez de la Costa del Sol.

Sin embargo, decir Marbella, en realidad, no es decir mucho. Los medios la representan pujante, carismática, célebre, excesiva y también histriónica e incluso esperpéntica, por la exageración que genera estar siempre en la mecha. Marbella produce tormentos y éxtasis, opiniones encontradas. Pero siempre se habla de ella. Y claro, también es todo eso de lo que se habla.

Pero cada uno tiene su Marbella. No podía ser menos de un lugar que puede llegar a alcanzar los 400.000 habitantes en verano, en una amalgama de gentes de todos los idiomas, gustos e inquietudes.

Porque más allá del bullicio y del escaparate, Marbella es una ciudad importante del Sur de España, que dispone de todas las infraestructuras posibles para desarrollar una vida normal. Y con el añadido de todas las posibilidades que da la industria del ocio y ser gente asomada al mar y al cielo.

Incluso en su corazón, podríamos decir que Marbella sigue siendo un pueblo. Un pueblo con su plaza y sus callejas, con sus barrios, sus casas, sus gentes, sus personajes y sus fiestas. Un pueblo que se ha hecho grande y que ha visto cosas que no podríamos creer.

Lo mejor

Marbella, por sus dimensiones, es una ciudad dispar y enorme, difícil de encerrar en una descripción. Cuenta con un término municipal muy amplio, que recorre 26 km de costa y en el que discurren varios núcleos urbanos: Marbella centro, Marbella Este o Las Chapas, Puerto Banús, Nueva Andalucía y San Pedro Alcántara.

La población empadronada alcanza los 135.000 habitantes, pero la cifra es mucho más difícil de calcular si tenemos en cuenta la población flotante: turistas de vienen y van, segundas residencias y vecinos de todas las nacionalidades que se quedan por temporadas. Las estimaciones calculan que es el triple de personas. Puede afirmarse sin titubeos que Marbella es la capital de la Costa del Sol, la frontera geográfica y tradicional entre la Costa del Sol Occidental y Oriental.

La avenida principal de la ciudad, Ricardo Soriano, podría resultar una calle céntrica de cualquier ciudad, donde se ven caras distintas cada día. También es muy cosmopolita el casco histórico y el paseo marítimo, pero en estos lugares hay un tinte mucho más local.

Basta perderse, sin un rumbo muy concreto, para palpar el ambiente. Hay monumentos reseñables como la Iglesia de la Encarnación, de estilo barroco, y el Antiguo Hospital Bazán, hoy sede del Museo del Grabado Español Contemporáneo.

La Plaza de los Naranjos es el vértice desde el que se articuló la ciudad tras la reconquista cristiana, con el Ayuntamiento y la Casa del Corregidor, ambos del siglo XVI conformando un espacio abierto. Aún hoy sigue teniendo el encanto de las plazas antiguas, pero rodeada de las callejuelas blancas, con sus macetas y sus rejas, una herencia de los pueblos musulmanes.

De hecho, Marbella, como asentamiento urbano, nació en época medieval. Se tiene constancia desde el siglo XII y aún se conservan los restos de la muralla que rodeaban al castillo. La historia anterior de Marbella se basa en restos arqueológicos dispersos.

De vuelta a la actualidad, el Parque de la Alameda es un frondoso jardín por el que todo el mundo que pisa Marbella pasa alguna vez. A su lado, la Avenida del Mar también acoge a visitantes con sus cámaras, siempre tomando una foto de las esculturas diseñadas por Dalí.

Las playas urbanas de Marbella disponen de todos los servicios usuales para el bañista, las características duchas con forma de elefante y chiringuitos para todos los gustos, incluso beach clubs. El puerto deportivo proporciona 377 atraques. Los más sibaritas encontrarán a pocos metros algún spa, una tienda, un restaurante, una cafetería de moda o un paseo por las calles más bonitas del entorno.

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